Una sola página, con una sola oferta, hecha para que quien llegó haga una cosa: escribir, pedir o comprar.
Una landing page es una sola página, con una sola oferta, armada para que quien llegó haga una cosa: escribir, pedir turno, o dejar el WhatsApp. No es la casa del negocio. Es la página de una campaña, de un producto, o de un anuncio.
Cuando pagás un aviso o mandás gente desde una red, cada menú de más es gente que se va. La landing deja la oferta, una prueba de que es real, y el botón. El sitio web sigue haciendo falta para quien te googlea el nombre y quiere ver quién sos. Son piezas distintas, y las dos se pueden tener.
Una ferretería que pauta “envíos en Mar del Plata” no manda el clic a la home, donde hay que buscar el teléfono. Lo manda a una página que dice qué reparte, en qué zona, y tiene el WhatsApp arriba. Un producto como Stockeo puede tener su página de oferta, y la empresa, aparte, su sitio. Mezclar las dos deja una home que no se entiende y un anuncio que no convierte.
Pedir “una landing” y recibir el sitio entero escondido en una URL, con el mismo menú. O vivir años con una sola página y después querer que Google entienda cinco servicios. La landing responde una búsqueda concreta. No reemplaza el SEO de un sitio con varias páginas. Tampoco se clona cambiando el nombre del barrio: para Google es la misma página con otra ciudad pegada.
Si la página es para una oferta puntual, está en servicios web.
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